Este año Albacete se ha volcado en la celebración del III centenario de su feria, una feria conocida a nivel nacional y no me cabe la menor duda de que actualmente es una de las ferias más importantes de la geografía española.
Cantidad de actos de todo tipo los que se han celebrado a lo largo de su feria con una enorme afluencia de público, son incalculables las miles de personas que diariamente recorrían el recinto ferial desde las primeras horas de la mañana, hasta bien avanzada la noche, era un desfile constante de gente prácticamente de toda España.
No me cabe la menor duda que tanto el Ayuntamiento, como la Diputación, se han preocupado al máximo para que esta feria tuviera un acento especial, no fallara nada y quedara en el recuerdo de todos los asistentes. Se debe felicitar a la organización, es cierto que en la mayoría de los casos han conseguido su propósito; pero como toda regla tiene su excepción, también aquí la hubo, y si no pregúntenselo a esos miles de aficionados a la fiesta de los toros que tarde tras tarde se daban cita en la histórica plaza de toros.
Desde que aparecieron los carteles hasta que se arrastró el ultimo toro, dejó mucho que desear. Viendo lo acontecido Albacete puede presumir de feria, pero no de feria taurina, eso que le quede claro por si alguien tiene la menor duda.
Albacete no debe cimentar su feria con los toreros locales y las cuatro figuras, olvidándose completamente de toreros que están en un gran momento y no tuvieron cabida al programar la feria ni en las cuatro sustituciones que hubo; como es el caso de Curro Díaz, Leandro, Morenito de Aranda e incluso el toreo agitanado de Oliva Soto.
Estoy seguro que cualquier aficionado hubiese visto con agrado que los puestos de las sustituciones hubiesen sido ocupados por cualquiera de los mencionados, y no repetir a toreros que ya estaban en los carteles o otros que habían pasado por la feria sin haber hecho motivos suficientes como para repetirlos, pese a las dos orejas que había cortado Cesar Jiménez.
De los festejos poco que resaltar pese a la cantidad de orejas y puertas grandes que se sucedieron, la categoría de una plaza no la dan las orejas ni las puertas grandes, la dan el toro y la seriedad del palco.
Exceptuando los toros de rejones si no me fallan las matemáticas se cortaron 22 orejas y hubo 8 salidas por la puerta grande, esto parecía las rebajas de el Corte Ingles, no entiendo a quien se pretende engañar si no es a la misma plaza de Albacete; plaza que presume de ser la más importante de todas las de segunda categoría e incluso comparándose en muchos casos con las principales de primera. No nos equivoquemos ni equivoquemos a nadie, este año ha estado más cerca de una plaza de tercera, que de lo que desea esa sufrida afición.
No se puede dar importancia a una plaza, cuando la mayoría de los toros solo han tomado un puyacito en muchos casos tapándole la salida, no se puede dar importancia a una plaza, cuando en sus carteles no se cuenta con toreros que normalmente están en otras ferias por meritos aunque no tenga carnet de “figuras”, ni se debe dar importancia a una plaza cuando por cuatro derechazos con la muleta retrasada porque caldeen a un cierto sector del público se le concedan las orejas.
Albacete debe volver a ser lo que ha sido, y para eso la autoridad debe velar por el aficionado y dejarse de hacer la vista gorda en toros, carteles y sustituciones.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada