sábado 15 de enero de 2011

El afeitado, otro fraude de la fiesta.

Me llamó la atención y me causo verdadero asombro una noticia que saltaba en algunos medios de comunicación a finales del mes pasado. Se refería a que en la última feria de Logroño, habían sido sancionados dos toros por afeitado, uno de la ganadería de Torrestrella lidiado por El Fandi y otro de Victoriano del Río estoqueado por Enrique Ponce.
No sé si entender que son los dos únicos toros que se han afeitado o son los dos únicos toros que se han examinado, porque el tema es de cuidado. Si conociéramos el escaso número de toros que saltan a la plaza como las vacas los parieron, seria de juzgado de guardia.
El afeitado es un fraude generalizado en la mayoría de las plazas ante la pasibilidad de los que tenían que poner orden, ni se persigue ni se castiga, se está engañando al aficionado que pasa por taquilla, paga una entrada para ver un espectáculo que debería ser integro y se lo sirven adulterado. Si quieren afeitar, ya que de lo contrario un gran número de toreros estarían en su casa, que lo anuncien en los carteles “la corrida está afeitada” y así no estafan a nadie. El dinero de los toreros debería estar en relación con los pitones de los toros que matan.
Es cierto que hay un gran numero de cornadas y algunas graves de toros que previamente han sido afeitados, pero no es menos cierto, que el riesgo es menor, que en muchas cogidas, las lesiones son de menor importancia por tener los pitones “arreglados”, independientemente de la seriedad y el respeto que transmite un toro en puntas.
Que no trate nadie de equivocarnos, la fiesta de los toros es una fiesta de emoción y riesgo, donde la muerte se puede hacer presente en el momento menos esperado, pero así de duro y de grande es este espectáculo. A nadie se le obliga a ponerse delante de un toro, hay otras muchas profesiones de menos riesgo para elegir, pero es más bonito, tiene más realce y reconocimiento, decir, soy matador de toros, que decir soy fontanero, (con todos mis respetos a los profesionales de la fontanería); aunque dado como está el panorama actual, si no estas colocado con uno de los cuatro apoderados que dominan y manejan este cotarro, económicamente es preferibles ser fontanero que matador de toros y si no que se lo pregunten a esa inmensa mayoría que apenas se visten de luces ocho o diez veces al año.
Es elevadísimo el porcentaje de toros, novillos e incluso erales que al llegar a la plaza existe la sospecha de haber sido humillados y manipuladas sus defensas para comodidad de los toreros y engaño de lo que previamente habían anunciado en los carteles. Esto salvo escasísimas ocasiones se está convirtiendo en el pan de cada día.
Los que deberían velar por esta fiesta ni les importa el toro y mucho menos el aficionado. Insisto en que alguien debe poner orden, y ese orden se pondría sancionando e inhabilitando a ejercer su profesión en cualquier plaza de toros al menos por un año completo, a ganaderos, empresarios y toreros que se ofrezcan a esta desvergüenza a la que están sometiendo la fiesta.

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